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Me he encontrado muchas veces que cuando hablamos de la importancia de fijar objetivos se consideran estos como parte únicamente de temas empresariales. A algunos de nosotros se nos puede dificultar comprender que en cada uno de los propósitos que tenemos en mente hace falta trazarle objetivos precisos que nos permitan tener mayor claridad de lo que vamos a hacer, de hecho la palabra objetivo se deriva de ob-jatum que significa a donde se dirigen nuestras acciones. Un objetivo hace precisamente eso, nos cuestiona hacia dónde vamos, hacia dónde nos movemos, entonces para que un objetivo tenga sentido debe tener primeramente sentido nuestro propósito. Podríamos decir con exactitud lo que estamos haciendo y cómo lo hacemos, pero si no sabemos por qué lo hacemos es difícil que ello le aporte significado a nuestro propósito y esto habla precisamente de nuestra responsabilidad frente al sentido de nuestras vidas.

¿Cuántas veces hemos leído o escuchado que para alcanzar lo que queremos necesitamos saber lo que tenemos que hacer para conseguirlo?. Sin embargo muchas veces nos hemos propuesto por ejemplo sacar adelante un proyecto laboral o fijamos metas a nivel personal o de salud como bajar de peso, dejar de fumar, terminar definitivamente con una relación que no aporta a nuestro bienestar emocional…. Y notamos que por un tiempo determinado podemos estar animados con dicho propósito pero en unos días volvemos a nuestros viejos hábitos y a las mismas actitudes y por supuesto nos sentimos peor que cuando iniciamos ya que consideramos que somos un fracaso y por ende pensamos que es una tontería volverlo a intentar si finalmente no vamos a ser capaces.

Uno de los principales puntos que tengo en cuenta en el momento de trazarme un objetivo es que este sea realmente importante para mi. Primero pienso en aquello que quiero lograr pero al mismo tiempo me pregunto ¿Por qué quiero hacer esto? Creo que esta pregunta es fundamental ya que uno de los motivos por los cuales no alcanzamos lo que pretendemos es porque el motivo no responde a nuestro por qué sino al por qué de la sociedad, de nuestros amigos, de nuestros padres, de nuestra pareja y ello nos termina cansando ya que la motivación humana viene de adentro, de lo que nos impulsa, nos mueve y nos permite mantenernos firmes en un fin. Es importante también que una vez sepamos lo que queremos nos planteemos puntos específicos a tener en cuenta para lograrlo y la manera más efectiva es escribiéndolo. Creo que no tenemos excusas para no escribir, la tecnología nos ayuda muchísimo en este sentido, contamos con dispositivos móviles con app de notas pero si por algún motivo no contamos con uno de estos, fácilmente nos podemos conseguir un cuadernito pequeño donde escribamos qué necesitamos para alcanzar lo que nos hemos propuesto y cómo lo vamos a hacer. Cuando escribimos, ayudamos a nuestro cerebro a programarse para actividades específicas, le proporcionamos orden y esto nos facilita llevar cada actividad con mayor precisión; así que seamos disciplinados y escribamos aquello que necesitamos hacer para alcanzar lo que nos proponemos, porque pensar lo hacemos todos, pero olvidar también nos pasa a todos. ¿Cuántas veces no olvidamos las cosas? Lo que escribimos nos ayuda a estar recordando lo que queremos lograr, al mismo tiempo podemos revisar si las actitudes y decisiones que estamos asumiendo en aquello que nos hemos propuesto están dando respuesta a nuestro propósito. Podríamos pensar que esta es una tarea tediosa pero recuerdo lo que dice John Maxwell: Yo creo con todo mi corazón que la Disciplina es hacer lo que usted realmente no quiere hacer de manera que usted pueda hacer lo que realmente quiere hacer.

Una vez tenemos claro lo que queremos y lo que necesitamos hacer para lograrlo es fundamental llevarlo a la ACCIÓN. Sin acción no hay resultados, es muy difícil obtener lo que queremos sino actuamos, sino somos responsables y en este punto nos vamos a enfrentar con nuestros más fuertes gigantes (pereza, miedo, negativismo, experiencias desagradables pasadas, etc). La acción nos ayuda a hacer aquello que debemos hacer y que no queremos hacer. La frustración es generada por no hacer lo que sabemos que podemos hacer y esta a su vez alimenta nuestra inseguridad. Así que una de las mejores formas de enfrentar nuestras inseguridades es enfrentandolas desde el hacer. Hagamoslo ya! Tomemos acción!

Siembra un pensamiento, cosecha una acción; siembra una acción, cosecha un hábito. Siembra un hábito, cosecha un carácter; siembra un carácter, cosecha un destino. William James

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