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Cuando participamos ya sea en una conferencia, seminario, taller, una clase en la universidad o cuando sencillamente compartimos un café donde hablamos acerca de la importancia de sacarle el mejor provecho a nuestros talentos quedamos tan motivados que parece que todas las barreras que había de repente se esfuman. Empezamos a pensar acerca de aquellos puntos en los que podemos trabajar, leemos libros acerca del tema, buscamos información por internet y de un momento a otro parece como si toda esa motivación empezara a desvanecerse y vuelven a aparecer los mismos pensamientos ¿qué tal si no funciona? … a lo mejor no es el momento… creo que soy muy joven… soy muy viejo… en fin, nos llenamos de tantos y tantos pretextos que finalmente terminamos considerando que ya le llegará la hora a esa idea tan buena que tenemos.

¿No te das cuenta que esa manía de aplazar todo esperando el momento propicio es precisamente la que te impide fortalecer aquellos aspectos en los que eres realmente bueno? llámale técnicamente procrastinación, miedo, pereza, vergüenza, como te guste más, el asunto aquí es que cuántas ideas dejaste pasar y hoy ves que otra persona está haciendo justo eso que algún día tu deseaste. Alguien en algún momento hizo aquello que tu no te atreviste a hacer y alguien justo en este momento está haciendo aquello que tampoco te has atrevido a realizar. ¿A qué esperas?  No te obsesiones con perfeccionar tu idea, tu solo empieza y poco a poco vas puliendo aquello que quieres realizar, pero recuerda es con la práctica como puedes fortalecerte.

Si sabes lo que quieres entonces atrévete. No estoy hablando únicamente de personas que quieren iniciar un macroproyecto, sino de aquel y aquella que ha descubierto que tiene talento para gestionar una u otra actividad, yo que se, dirigir un grupo de mujeres quienes han sido madres cabeza de familia porque te has dado cuenta que cuando les hablas llegas a lo profundo de su ser, o has descubierto lo hábil que eres para hacer tartas y postres, o que eres excelente para enseñarles a otros a organizar sus finanzas personales, o eres persuasivo en el momento de vender, en fin, piensa en aquello que te gusta hacer y simplemente hazlo, no esperes, no importa lo que digan, créeme que siempre va a haber gente que te criticará, que se burlará, pero también gente que le gusta lo que haces y que te seguirá y que serán posiblemente tus clientes o por lo menos te alentaran en tu idea. Siempre va a haber alguien que compartirá tu deseo de emprender, no temas equivocarte, seguramente cometerás errores, estás aprendiendo, pero si tienes claro lo que quieres y el motivo por el que lo quieres lograr, ¿crees que merece la pena seguir esperando y no intentarlo?

A lo mejor puedo resultar cansona con lo que te estoy diciendo, pero es que a veces cuando veo el potencial tan grande de tantas personas creo que vale la pena ser insistente en este punto. No es un artículo de “piensa y vuélvete rico” No! Porque si fuera suficiente el solo hecho de pensar positivamente respecto a algo, seguro que ya habrías conseguido eso que quieres, el asunto es pensar y actuar, ponerte manos a la obra y simplemente atreverte a hacerlo. Recuerda: No importa, actúa!         

Milena Gonzalez

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