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Leía una breve historia narrada por John Maxwell que acaparó toda mi atención. Hace referencia a un niño de cuatro años a quien le dio una rabieta. Después de reprenderle su madre le dijo: «Hijo, ¡ve a esa silla y siéntate, ahora mismo!» El pequeño fue a la silla, se sentó y dijo: «Mamá, estoy sentado en la silla por fuera, pero estoy de pie por dentro» Y esta cortita pero sustanciosa historia toca un punto del que quiero hablar hoy y es precisamente respecto a lo que en esencia somos cada uno de nosotros. ¿Tenemos la convicción y claridad de ese niño frente al hecho de saber quiénes somos y cómo nos sentimos por dentro cada uno de nosotros? A mi me encanta la valentía de este pequeñajo para decirle a su madre cómo se ve él realmente pese a estar sentado en esa silla! 

Cada uno de nosotros sin duda vivió una de las etapas que algunos podremos recordar con alegría y otros con un poco más de resignación, me refiero a esa época de niños y adolescentes cuando deseábamos pertenecer y ser aceptados por un grupo. La mayoría puede recordar el esfuerzo que hacia cada uno para encajar de la mejor forma dentro del mismo, ya fuera porque usaban la misma clase de zapatos, escuchaban la misma música, se peinaban con el look de moda, etc… Se que comprendes de qué estoy hablando! Cada uno vivió esa presión de pares de diferente forma pero lo cierto es que siempre tratábamos de suplir las expectativas y demandas de los demás, algunas veces estábamos de acuerdo con ellos y otras no tanto pero sea como haya sido, su influencia ha dejado huella en nuestras vidas. Esta es una etapa normal y necesaria para cada uno, adaptarse a un grupo con sus normas, reglas, ideas puede entrenarnos para vivir en sociedad, el problema está cuando ya siendo adulto seguimos actuando de la misma manera dejando de ser nosotros para actuar como «otros», es decir cuando lo que eres, tu esencia, aquello que te hace único lo pones a merced de lo que los otros consideran debes ser. 

Algunas personas viven insatisfechas siendo como son, muchos desean ser otra persona, no conocen sus fortalezas y debilidades, están como el niño de la historia, sentados por fuera porque es lo «correcto» lo que la sociedad demanda, pero a diferencia de él no saben cómo están por dentro, no disciernen de manera clara cuando son ellos y cuando son otros, simplemente bailan al son que les toquen y a veces la melodía suele ser dirigida por las emociones del día. Traigo esto a colación porque cuando a lo largo de cada artículo que publico hablo de la importancia de conocernos a nosotros mismos para gestionar efectivamente nuestros talentos y ser profesionales con propósito creo que no me equivoco. Insisto en que tus talentos no te hacen único ni imprescindible, lo que te hace diferente es lo que tu haces con tus talentos. 

¿Tu marca como profesional evidencia realmente quien eres tu o es un sustrato de lo que los demás han considerado es importante para ti? Sabes, tener un empleo e incluso estar trabajando en tu profesión no es sinónimo de éxito. Hasta que no te tomes en serio la tarea de cuestionarte y tener frente a ti a tu «yo» y aceptarlo con sus fortalezas y debilidades, considero que solo hasta ese momento pasarás de ser un profesional promedio a un profesional con marca. 

Milena Gonzalez

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