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«Cuando nos hacemos esta pregunta lo que queremos decir en otras palabras es ¿cómo ayudo a mi hijo a ser resiliente? Y qué es esto de la resiliencia. Es esa capacidad maravillosa para adaptarnos a situaciones adversas como por ejemplo la muerte de una mascota o de un ser querido, el mudarse a una nueva casa, (esto puede afectar mucho a nuestros niños sobretodo cuando dejan amistades en el antiguo barrio o zona), el perder un juguete, o cualquier situación que que signifique una pérdida para nuestro hijo/a.

Desarrollar y entrenar la resiliencia es muy útil para la supervivencia y el bienestar emocional y en estos tiempos que corren de tanta incertidumbre a raíz de la pandemia lo es aún más.

Quiero dejarte algo claro, que no seas una persona resiliente no quiere decir que no puedas desarrollarla. Es una habilidad entrenable, y lo más espectacular es que puedes empezar a entrenarla desde hoy mismo en tu propia vida y en la vida de tus hijos.

Así que hoy quiero regalarte 3 puntos para que tengas en cuenta y empieces de a poquitos a sembrar y cultivar esta resiliencia en tus hijos:

  1. Valida y muestra compasión por los sentimientos heridos de tus hijos. ¿Y qué es esto de validar?. No es más que reconocer que lo que para ti puede ser una tontería como perder un cochecito de 5 euros que puedes volver a comprar sin ningún problema, es una pérdida para tu hijo. ¿Y cómo validas?: «lo que te pasa es que estás triste porque tu cochecito se ha perdido. Lo sé, era muy importante para ti. Vamos a respirar. Tú puedes con esto». Y a partir de allí acompañas sin juzgar su llanto. No te obsesines con eliminar el llanto, pon foco en acompañar su pérdida y así poco a poco la calma va llegando a tu hijo. ¿cuánto tiempo? El tiempo que tu hijo necesite para superarlo.
  2. Acompaña permitiendo que tu hijo/a vivencie las emociones y el aprendizaje de estas. Es decir hazle saber que estás allí con él/ella pero evita la tentación de eliminar su llanto o molestia con frases como: «ay cariño ya ya ya, comete este heladito para que veas como se te pasa rápido el enfado/tristeza». O, «No llores que mañana te compro otro perrito». Cuando haces esto, es verdad que puedes eliminar el llanto, pero no queda un aprendizaje significativo, enseñas pero no educas. Tu hijo aprende que cuando se siente mal, hay alicientes externos que puede comprar para obtener la calma, pero no aprende que la verdadera calma viene de adentro, de cuando aceptamos nuestras emociones tal como llegan y las gestionamos desde nuestras propias capacidades.
  3. Sé un referente de resiliencia ante tus propios desafíos y formas de abordar las situaciones adversas: cuando tú estés pasando por situaciones que te desbordan, como por ejemplo un trabajo que no terminaste a tiempo, una discusión con tu pareja, o afrontar un desborde emocional de tu hijo, entonces vas a mostrarle intencionalmente a tu hijo/a qué haces para tranquilizarte. «Estoy enfadada, voy a respirar para volver a la calma y poder actuar con tranquilidad».

Tú decides, ten en cuenta que lo que sea que hagas ante los retos de tu día a día, es lo que modelarán tus hijos ante sus propios retos. Así que teniendo en cuenta esto ¿no te parece acertado escoger conscientemente actuar siendo un ejemplo de resiliencia para tus hijos?

Queridas familias y educadores espero que esta info sea de valor y si crees que puede ayudarle a alguien más no te olvides de compartirla.

Milena González

@unamamapsicologa_

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