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Que difícil muchas veces entender las reacciones de nuestros hijos ¿verdad?.

Y si tienes niños/as entre 2 y 6 años esto a veces se hace más cuesta arriba.

Uno de los problemas que descubrí en la relación con mis hijas es la dificultad que a veces tengo para aceptar sus sentimientos incluso sin darme cuenta.

Ayer accidentalmente tiré un dibujo que Gabriela acababa de hacer. Cuando se dio cuenta que estaba en el cubo de la basura me miró de tal forma que me lo dijo todo con su mirada. Con un gran grito lleno de ira y tristeza me dice: “mamáaaaaaa has tirado mi dibujooooooooooo”.

Seguramente en otro momento le hubiese dicho: deja de gritar, eso no es nada solo es un dibujo, lo puedes volver a hacer y ya está. Pero lo cierto es que me estoy tomando muy en serio esto de transmitirles nuestra calma y no unirnos a su caos, más aún cuando he cometido un error aunque haya sido por accidente.

Empezó a llorar muy fuerte, así que me agaché, la abracé, la miré a los ojos y le dije: ¿estás triste verdad? Y me responde: Si. Le dije: Perdóname cariño no tenía idea que era un dibujo que habías hecho. Y me dice: si mami era para ti. 💔¿Puedes imaginar cómo se hubiese sentido donde le hubiera respondido que solo era un dibujo? Así que le dije: hija yo también me sentiría muy triste si hubiera hecho un dibujo con tanto amor para ti y alguien lo hubiese tirado ¿te parece bien si hacemos otro juntas? Y me dijo sollozando: si.

Cada vez me convenzo más que todo lo que vivimos con nuestros hijos nos deja grandes lecciones. A mi este episodio me enseñó dos cosas:

1. Lo que para nosotros puede a veces ser insignificante, para nuestros peques es lo más importante de su día.

2.Lo que a las personas de cualquier edad, nos gusta escuchar en un momento de aflicción no es una palabra de acuerdo o de desacuerdo lo que necesitamos es que alguien reconozca lo que estamos experimentando y se ponga en nuestro lugar.

Es curioso pero cuando intentamos acallar en nuestros hijos emociones como el enfado o la tristeza a través del regaño, lo que logramos es justo lo contrario, nuestros hijos se enfadan aún más, en cambio cuando nos ponemos en su lugar y les ayudamos a ponerle nombre a lo que están sintiendo, se sienten profundamente entendidos y consolados porque sienten que alguien ha reconocido genuinamente lo que les pasa por dentro y que además no los juzga.

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Una mamá psicóloga. Milena González

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