fbpx

¿Alguna vez nos hemos preguntado por qué algunas personas son exitosas y otras no? ¿Es acaso el éxito cuestión de suerte o depende este de factores tales como la riqueza, una buena posición familiar, un buen trabajo, una vida sin problemas…? Son múltiples las definiciones de éxito que podemos encontrar ya que cada una se halla sujeta a intereses personales. Lo que para mi es éxito para otra persona no lo es, así como lo que para una persona puede ser fracaso, para otra posiblemente es una oportunidad. Creo que cada uno de nosotros hemos conocido a hombres y mujeres que de acuerdo con nuestra opinión y valores tienen lo necesario y esencial para ser exitosos y no lo son, así como conocemos personas que su sola historia impacta nuestras vidas. Durante un tiempo tuve la oportunidad de trabajar en Colombia con niñ@s y familias de escasos recursos y en condiciones de amenaza y vulnerabilidad social y familiar, conocí a mujeres y hombres que en mi opinión debían estar sumidos en la tristeza no solo por la situación actual vivida sino por la historia de vida que encarna cada uno de ellos. Para mi sorpresa algunos de ellos, a decir verdad muy pocos, vivían su vida con propósito y sentido dando grande lecciones a muchos de los que pudimos interactuar con ellos, una de esas lecciones ha sido que sin duda nuestra Actitud en gran parte determinará si triunfaremos o fracasaremos en lo que emprendamos en nuestras vidas.

Alguna vez me encontré una pequeña historia que leí y es propicia de acuerdo con lo que estoy hablando. Se trata de un par de abuelos quienes cada verano visitaban a sus 4 nietos. Cada tarde el abuelo, quien tenía un gran bigote, se acostaba para tomar una siesta. Un día, a uno de los niños se le ocurrió hacerle una broma al anciano: poner queso Limburger en su bigote. El hombre pronto se despertó olfateando. “Uff que mal huele esta habitación” exclamó, levantándose y dirigiéndose a la cocina, notó que la cocina también olía mal, “Uff que asqueroso olor en esta cocina” así que salió para respirar aire puro. Para su sorpresa, el aire libre tampoco olía bien y dijo:”¡Sin duda el mundo entero huele mal!” ¿Cuántos de nosotros andamos por la vida con el bigote lleno de este tipo de queso? ¿Cuántas oportunidades nos hemos perdido por seguir creyendo que el problema es ajeno a nosotros y que por ende está afuera?. Al mundo no le importa nuestras quejas, si nos damos cuenta el mundo sigue y sigue y sigue, por tanto la actitud que asumamos frente al mismo y las acciones que emprendamos, van a afectar nuestra vida ya sea para nuestro avance o para nuestra parálisis.

¿Cuando iniciamos un proyecto qué actitud tenemos hacia el mismo? ¿Cómo asumimos los errores u obstáculos que nos encontramos a lo largo del viaje al éxito? Ese es el punto crucial que marca la diferencia entre una persona exitosa y una persona fracasada. Desde niñ@s nuestros padres y profesores nos prepararon para ser exitosos en cualquier meta emprendida por pequeña que fuera (examen, aprender a hablar, caminar, hacer amigos, etc) pero creo que también hizo falta aprender a fracasar, aprender a errar, porque el fracaso hace parte de nuestro viaje, ya que sin duda alguna en algún momento vamos a fallar así nos desistamos a ello, pero como una vez mencioné en uno de mis artículos, a veces el problema no es el problema, a veces el problema es nuestra actitud y en este caso la actitud derrotista frente al fracaso, a desfallecer y no ver más allá del error. Una de nuestras preguntas debería ser cómo voy a afrontar los obstáculos en vez de escondernos de ellos o enmascararlos. Recordemos no hay victoria sin obstáculos, así que mi invitación es a que nos cuestionemos con el siguiente pensamiento: ¿qué podríamos lograr si nuestra percepción y actitud frente a cada uno de los fracasos vividos hasta hoy cambiara y los viéramos como parte de nuestro viaje hacia el éxito?

Milena Gonzalez

Share This