Cuando aún no era madre, pensaba en que cuando lo fuera iba a aplicar muy bien toda la teoría del #conductismo que un día había aprendido y que admiraba tanto. Pero luego cuando fui madre y me di cuenta que esa educación se basaba más en atacar la conducta (lo que hace el niño/a) que en potenciar a la persona (quien realmente es), pensé que eso no era lo que quería para mi hija.

Nuestros hijos son muchísimo más que la suma de un montón de “malos comportamientos” . La sociedad nos ha enseñado que ante el primer error debe haber un castigo… ignorar, pegar, ridiculizar porque la letra con sangre entra. Y quizá esa forma de pensar es la que nos hace olvidar que cuenta más lo que son que lo que hacen.

No nos damos cuenta pero cuando pensamos así tratamos a nuestros hijos como lo hacía yo con mi adorada ratica de laboratorio en mi quinto semestre en la U (ensayo-error-consecuencia)

La empatía traspasa cualquier tipo de “time out” educar desde el respeto además de ayudarnos a abrazar a nuestra niña/o interior nos ayuda a educar a nuestros hijos/as desde el amor y la comprensión, no es que “se nos suban a la chepa” o como decimos en mi país “no es que nos la monten” es que estamos educando pensando en el adulto que queremos ver mañana. Cuando educamos desde el respeto estamos dándole a nuestros hijos/as la posibilidad de aprender desde adentro, desde sus posibilidades y capacidades, le estamos poniendo en sus manos una cantidad de habilidades sociales que le dotan como niño/a y como adulto/a.

Como bien dice Jane Nelsen : ¿De dónde sacamos la loca idea que para que un niño se porte bien primero debemos hacerlo sentir mal?

Feliz día 😉

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