Mi último hijo, Andrés de tres meses ya, nació completamente sano; el día de darnos el alta en el hospital durante la última revisión con la pediatra le mencioné que la noche anterior le había notado unos movimientos tipo temblorcito en la mano y pie izquierdo. Ella me preguntó que cómo eran esos movimientos, duración y que desde cuándo los había notado, además me dijo que si lo volvía a hacer antes de darnos el alta se lo hiciéramos saber. Unos diez minutos después, mi niño estaba dormido y volvió a hacer el movimiento que le había mencionado a la pediatra, inmediatamente mi marido la llamó y en ese instante mi felicidad por volver a casa y estar por fin los cinco juntos haciendo vida “normal” se vino abajo. La pediatra consideró que era importante que mi niño estuviese en observación así que nos dijo que era necesario dejarlo ingresado en la UCI ❣️cuando escuché esa palabra casi me muero del dolor, hoy realmente lo agradezco. Su intención era observar qué estaba generando ese pequeño movimiento, si se trataba únicamente de mioclonías benignas del sueño o era algún indicativo de epilepsia.

No entendía por qué estaba pasando por eso, ¿no se supone que un nuevo nacimiento está rodeado de alegrías? pues no siempre es así, quizá nos hemos acostumbrado a dar muchas cosas por sentado que no valoramos el milagro de la vida en todo su esplendor y cuando situaciones como esas nos sacuden nos damos cuenta que muchos padres y madres viven experiencias realmente dolorosas con la salud de sus hijos de las que no somos conscientes, estar sanos sin duda es un regalo del cielo.

Cuando la pediatra nos dijo que podría tratarse de epilepsia sentí mucho miedo, no aceptaba que eso nos estuviera pasando. Finalmente entré en la habitación y vi a mi bebé lleno de cables por todas partes, aún recuerdo esa imagen y me duele el alma.

Estar en la UCI pediátrica ha sido una de las experiencias más impactantes de mi vida. Siento una admiración profunda por las madres y padres que tienen a sus hijos durante meses allí. Son una de las personas más fuertes de este planeta. No tengo palabras para expresar lo que puede sentir una madre que ve a su bebé prematuro luchando por salir adelante, aunque estos pequeños guerreros a veces no lo consigan… no tengo palabras para expresar el dolor de una madre que sin decir una sola palabra se para frente a la cuna de su hijo a contemplar a su bebé de días luchando a raíz de una cardiopatía… no tengo palabras para expresar el dolor que refleja una mujer recién parida viendo a su bebé sin saber si volverá a casa con ella… y no tengo palabras para ver la fuerza y entereza con la que llega cada día una madre a esa unidad (UCI) creyendo firmemente que cada hoy es un nuevo día y que las cosas van a mejor. 

Volver a casa ese día sin mi hijo recién nacido fue como llegar al nido y encontrarlo vacío… me animaba pensando en que estaba en muy buenas manos y que estaban haciendo lo mejor para asegurarse de que todo marchaba bien con su salud. 

Finalmente y para alegría nuestra todos los exámenes de Andrés salieron normales y aquellos temblorcitos hacían solo parte del proceso madurativo de su sistema nervioso. 

Estuvimos solo 5 días allí pero fueron suficientes para conocer otra cara de la maternidad y ser consciente de lo valioso que es tener sanos a nuestros hijos pero además cada una de esas madres allí me enseñó cómo el poder del amor te lleva a sacar fuerzas desde tus entrañas, aunque estés recién parida, con entuertos, cesárea o episiotomía, da igual… cuando tu hijo está luchando por salir adelante sacas fuerzas de donde haga falta.

Irnos de allí nos dejo un sabor agridulce a mi marido y a mi. Una alegría inmensa y agradecimiento a Dios por llegar a casa con nuestro hijo y una pena profunda por conocer el dolor de aquellas madres y padres que quedaban allí. 

Madres, padres los admiro y los pienso todos los días de mi vida.